El cerebro en el sexo

Cada vez que hablamos de sexo recalcamos que no solamente se necesitan los genitales para poder llegar al orgasmo, sino que también necesitamos de la imaginación y de los procesos mentales. Nuestra mente al momento de estimularse es pura fantasía, ello nos ayuda a acelerar el proceso al climax produciendo que algunas personas sean capaces de tener orgasmos mentales.

Claro que estos procesos aparecidos en un grupo considerable de personas ha sido la fuente de investigación de varios cuando la motivación al sexo en solitario ha conmocionado el interés del momento.

Para no tener que llegar a una explicación científica podríamos centrarnos en las antiguas (y aún vigentes) prácticas y formas de meditación que se dedican, profesan y afirman la fuerte conexión que hay entre el cuerpo y la mente. Sin ir muy lejos todos tenemos una idea de lo que se trata el sexo tántrico, donde a través de ciertas estimulaciones que realiza una parte de la pareja, la otra empieza un trabajo sexual mediándose de la respiración y la imaginación.

Ellas también explican como los orgasmo son posibles cuando una persona se encuentra dormida. Hay un error en la creencia humana, y es  que el estado de vigilia no significa el único momento en que el cuerpo reacciona ante determinados impulsos. A veces cuando nos acostados el cuerpo realiza contracciones involuntarias en la musculatura de la zona pélvica. Si bien puede ocurrir en caso de muchos hombres, lo cierto es que es más común que se produzca en las mujeres que realizan ejercicios diarios, además naturalmente en las mujeres hay una conexión directa entre el sistema nervioso (el cerebro) y el sistema reproductor (paredes vaginales) que los hombres no tienen.

Siempre hay que recordar que todo radica en la mente y el poder de imaginación que se tenga. El cerebro en el sexo permite pensar en lo que uno realmente tenga ganas, exteriorizándolo o no. A veces las fantasías o pensamientos sexuales que se tienen no se deben al momento que se está teniendo, y no debe porque ser reprimido. El estímulo mental es un eslabón si se quiere llegar al climax, no se debe ni interrumpir ni suprimir. Si lo dejamos fluir podremos comprobar cómo podemos alcanzar el orgasmo, o bien como en una misma noche somos capaces de alcanzar varias veces el sentimiento de placer extremo.

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