Motivos para no llegar al climax

Cada vez se escuchan más casos de personas que no pueden llegar a alcanzar el orgasmo, y aunque parezca un dato curioso, el problema es tan cotidiano como cualquier otro problema físico. Aunque nos han enseñado que las causas de esta anomalía tienen que ver con la vida interior de uno, con sus pensamientos y sus miedos, lo cierto es que a veces lo que te imposibilita el no llegar al climax es un factor externo que se puede solucionar sin una terapia alternativa que nos remueva emocionalmente toda nuestra vida.

Tener un orgasmo no solamente mejora la salud y el bienestar de las personas, sino que también fortalece la unión como pareja y nos permite disfrutar mucho más de nuestros encuentros íntimos, por eso si eres una de las personas que no pueden llegar al climax recuerda que algunas cosas de esta lista puede ser lo que se encuentra impidiendo el momento sexual más placentero:

  • No gemir: son muchos los factores que hacen que una pareja tenga que tener encuentros silenciosos, por ejemplo: la presencia de niños o más personas en la casa, la convivencia con amigos, etc. O bien puede que seamos lo suficientemente vergonzosos como para largar esos gritos que nos invaden todo el cuerpo. Lo cierto es que los gemidos son fundamentales para esencial para estimular el cuerpo. La percepción y los sentidos deben darse desde todos los puntos. Así que si tus rutinas son silenciosas empieza por probar con este aspecto.
  • Estar sentada por largo rato: aquí no se trata de realizar posiciones sexuales sentadas, sino de una práctica rutinaria, como por ejemplo: trabajar en una oficina y pasar mucho tiempo con la cola en la silla. Estar sentado largo rato contrae los músculos pélvicos, y por tanto si ellos no son ejercitados los estímulos sexuales pueden llegar a no causar efecto.
  • No conocer tu cuerpo: puede que te hayan enseñado que la masturbación es mala, pero si no empiezas por conocer tu cuerpo y donde se encuentran tus zonas erógenas, es poco probable que otro pueda hacerlo por ti. Comienza a masturbarte que no hay nada malo en ello y no es una práctica de otro mundo. Verás como el rápido placer que puedes darte tú misma te estimulará rápidamente cuando otro lo haga por ti. Tu cuerpo estará preparado para relacionarse más rápidamente con el de tu compañero.

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